Thursday, November 24, 2011

"Los gobiernos son ingeniosos y manipulan la ayuda humanitaria"


El presidente internacional de Médicos Sin Fronteras, Unni Karunakara (foto), criticó la politización de la asistencia en zonas de conflicto. Afirmó que su organización existe porque los sistemas fracasan. La disímil experiencia de la Primavera Árabe

Durante una visita a la ciudad de Buenos Aires, donde dará dos charlas abiertas y públicas, dialogó con la prensa acerca del desafío que representa continuar con las acciones de MSF en un mundo donde cada vez más gobiernos y grupos armados utilizan a la ayuda humanitaria como una estrategia bélica.

"Como organismo humanitario, valoramos la neutralidad e independencia y al ser médicos, rescatamos la ética de nuestra profesión", explicó Karunakara. "No estamos en contra de la política. De hecho, el acto de elegir un lugar donde actuar y no otro es una decisión política, pero sí estamos en contra de la politización de la ayuda", señaló.

Advirtió que esa tendencia, creciente en la última década, está obstaculizando el acceso a las poblaciones necesitadas en las zonas de conflicto. "No estamos en contra de la asistencia del Ejército, pero cuando se la caracteriza como humanitaria se crea un problema", afirmó y mencionó los casos de la campaña de vacunación que emprendió la estadounidense CIA en Pakistán para hallar a Osama Bin Laden o el operativo de rescate de Ingrid Betancourt en Colombia, donde los militares se vistieron como miembros de la Cruz Roja.

"Es algo desastroso para las organizaciones humanitarias y para la gente que necesita ayuda, porque crea confusión sobre nuestros objetivos. De hecho, en varios países ya no podemos realizar campañas de vacunación porque la gente teme por lo que en realidad vayamos a hacer", aseguró Karunakara, a cargo de MSF desde hace un año.

Especialista en Salud Pública y con misiones en Colombia, Brasil, Etiopía, Congo y Somalia en su haber, fue categórico al sostener que "la razón por la cual existe la ayuda humanitaria es porque los sistemas fracasan". "Si no lo hicieran, no habría razones para que actores externos lleguen a un país a proveer asistencia", agregó.

Karunakara indicó que en la labor que desarrolla Médicos Sin Fronteras hay tres cosas que son fundamentales. La primera es la necesidad de que gobiernos y ejércitos sean claros en el lenguaje que utilizan. "No deberían intentar borrar la línea entre la ayuda humanitaria y las tareas que ellos realizan. Los militares deben entregar asistencia vistiendo uniformes", consideró.

La segunda es el respeto de las partes beligerantes de los espacios de sanidad. "Vivimos situaciones en las que los soldados ingresaban a los centros de salud, interrogaban a los pacientes, buscaban sospechosos. Y es algo que no debería suceder en esos lugares".

Por último, los ayudantes humanitarios deberían tener acceso a las zonas de conflicto para poder realizar una evaluación independiente. "La estabilidad para poder realizar esta labor es muy importante. La acción debe ser simple: hay gente que necesita ayuda y estamos los que queremos proveer ayuda. No estoy menoscabando a la política, pero a veces es un obstáculo", manifestó.


Trabajar entre revolucionarios y dictadores

"Creo que a finales del año pasado nadie se hubiera imaginado cuáles serían los eventos que se iban a desarrollar en África. Todos los países son distintos, pero es importante destacar un rasgo en común: todas las personas estaban orgullosas de luchar por quien estaban luchando", aseguró Karunakara al ser consultado por Infobae Américasobre el trabajo de MSF en medio de la Primavera Árabe.

Destacó que la particularidad que tuvieron las revoluciones fue que las personas agradecían la ayuda pero la rechazaban. "Estaban felices de su lucha, querían hacer todo ellos mismos y estaban orgullosos de que la revolución dependiera sólo de ellos", contó al recordar lo ocurrido en Egipto.

"En Libia sucedió lo mismo. Había una fuerte creencia de que era su revolución y allí, además, había mucha solidaridad por parte de los países árabes. A eso hay que sumarle que el sistema de salud libio era de buen nivel, pero la mayoría del cuerpo de enfermería estaba formado por extranjeros, quienes dejaron el país cuando comenzaron los ataques. Entonces, intentamos proveer asistencia, pero en realidad no había un gran papel para nosotros allí", explicó.

No obstante, otros países representaron un escenario distinto para el trabajo humanitario.Karunakara señaló que en Yemen y en Siria es prácticamente imposible trabajar.

"En Yemen hay mucha inseguridad, muchas veces no podemos ir a las zonas donde están los necesitados y también es difícil determinar cuándo tendremos acceso y cuándo no", explicó. "Siria es un caso aún más particular, porque directamente no tenemos acceso. El régimen que está en el control, o mejor dicho que está fuera de control, nos impide trabajar. Casi no podemos ir a ver qué está sucediendo", agregó.  

Hernán del Valle, responsable de la Comunicación Operacional de Médicos Sin Fronteras Holanda, agregó: "Hace meses que venimos hablando con las autoridades sirias y lo mismo con las de Bahrein y la verdad es que es imposible que podamos realizar nuestro trabajo allí". Advirtió que a pesar de que se logre algún día el acceso, "cuando un régimen tiene ese plan, lo lógico es que tengan que trabajar en condiciones altamente inseguras".


de infobae.com

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